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CEFIM

Amor y Sexualidad

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20100123-0935

La fuente última de la dignidad del hombre es su condición de persona, y uno de los rasgos definitorios del ser persona es que posee una intimidad. La persona es capaz de conocerse, y es capaz también de salir de sí y manifestarse a los demás, a otro yo similar a él. Mostrarse a uno mismo al otro, comunicarnos, significa que tenemos capacidad de dar, y al mismo tiempo de recibir.

El hombre no alcanza su plenitud cerrado en sí mismo, sino dándose, comunicando su ser en diferentes grados. Esta capacidad de dar, se ve especialmente en la capacidad de amar.

 

Ninguna intimidad es igual a otra, cada una es algo irrepetible, incomunicable: nadie puede ser el que soy yo, y nadie me puede conocer en mi totalidad.

La persona es única e irrepetible, porque es un alguien: no es un qué sino un quién.

 

Somos una unión intrínseca de alma y cuerpo, y somos tanto lo uno como lo otro.

El cuerpo forma parte de mi intimidad, y no está disponible para cualquiera, por eso lo cubrimos con vestidos.

 

La cosificación del cuerpo que ocurre por ejemplo en la pornografía o aún en ciertas modas, va contra la dignidad de la persona, ya que se utiliza como medio una realidad (el cuerpo) que es personal (fin en sí misma), y por lo tanto se degrada.

 

La persona es una realidad absoluta que es fin en sí misma, y por lo mismo debe ser siempre respetada, jamás puede ser utilizada o usada como un medio, y menos como un  medio para procurar placer a otra persona y luego ser desechada, porque esto significa instrumentalizar a la persona, y el utilitarismo, el ver a los demás como meros instrumentos de usar y tirar, degrada a la otra persona, pero también al que la usa. Esto significa también matar  al amor.

 

Matas al amor cuando pones tus impulsos o deseos por encima del bien de la otra persona, e incluso del tuyo. Una persona incapaz de renunciar voluntariamente a algo que va contra su dignidad, o de pasar por encima de sus caprichos, es incapaz de amar, y por lo tanto de ser feliz.

 

Hoy se está perdiendo el sentido del compromiso, no sólo en el amor, sino en todos los aspectos de la vida. Hay una absoluta falta de responsabilidad: todos queremos derechos, pero dejamos a un lado los deberes.

 

La libertad sin compromiso es una libertad inmadura. El amor sin compromiso, es un amor inmaduro, no es amor.

 

¿Qué es el amor?

De tanto hablar del amor, hemos desvirtuado  el sentido profundo de lo que representa, quedando reducido a los sentimientos o a las relaciones sexuales.

 

El amor va muchísimo más allá, el amor constituye, a final de cuentas, el sentido de la vida del ser humano.

 

Nuestra vocación en la vida es la felicidad, y esta tendencia tiene como principal componente al amor. Sin el amor la persona no alcanza su plena felicidad, ya que el hombre no puede vivir sin amor, y la capacidad de amar es la capacidad que la persona tiene de dar.

 

El amor es el procurar en todo momento el bien del otro, de la persona amada, a la vez que el bien propio, y la perfección de ambos, del “nosotros”. Y el primer bien para el otro debo ser yo misma, y yo soy la primera que debo amarme a mí misma, es decir, buscar mi bien mayor.

 

El amor es un acto de la voluntad, “yo decido y quiero querer a…”, y no se reduce sólo a un mero sentimiento, que no depende de mí. Los sentimientos nos “suceden”, y no son producidos por nuestra voluntad, pero sí es a través de ella que canalizamos estos sentimientos y los controlamos.

 

Una vez que el sentimiento desaparece, porque es algo pasajero, tiene que mantenerse el amor con la voluntad, el compromiso, conquistando diariamente mi relación con la persona amada. El amor hay que cuidarlo, cultivarlo, renovarlo y expresarlo todos los días.

 

Cuando el amor es verdadero, el amor físico es sólo una parte de la riqueza de la pareja, que lleva la complementariedad a todos los niveles, creando modos de unidad muy valiosos, modos de encuentro verdadero que los plenifican a ambos y los hacen fecundos en todos los aspectos de su vida.

 

El fin del hombre es perfeccionar sus capacidades al máximo, buscar el bien mejor, que le permita desarrollar su naturaleza racional buscando con esta racionalidad la verdad y  así alcanzar su plenitud. Cada decisión libre tiene que contribuir a la consecución de mi fin. A través de mi perfeccionamiento alcanzo la felicidad.

 

“Elegir desde la soledad del propio egoísmo supone una libertad vacía, que no sirve a la edificación de la vida humana. Uno no es libre cuando se queda fijado en lo inmediato, en el “vértigo” del momento.  El mero ejercicio de la sexualidad, no produce encuentro, sino yuxtaposición de dos soledades. Al encuentro y a la felicidad se llega cuando se entreveran dos personas en un compromiso de amor, no cuando se conjugan dos egoísmos que se usan uno al otro como objetos  de dominio y manipulación.”

--- Alfonso López Quintás

 

¿Cómo puedes llamar libertad o amor a un modo de actuar que acaba empobreciéndote como persona al máximo?

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