El papel de la mujer en la cultura y las tradiciones




Queridas todas: en plena época pre navideña, queremos compartir con ustedes una reflexión sobre la importancia de rescatar nuestra cultura y nuestras tradiciones.
Como todas sabemos, México es un país privilegiado en este sentido: somos un país con una riqueza enorme, al convivir en nuestro territorio tantas y tan diversas culturas, que a pesar de sus diferencias, no dividen, sino que nos vemos beneficiados todos. Y ¡díganme si no! desde nuestra riquísima cocina, que incluye todo tipo de platillos, condimentos, materias primas, y que es fruto, como todo lo mexicano, del mestizaje entre nuestra comida prehispánica y la española, y de la diversidad natural que encontramos a lo largo de todo el territorio de nuestro país.
Creo que precisamente este rasgo de la fusión y convivencia de culturas es una de las riquezas más grandes de México. Es un país con distintas tradiciones, dialectos, percepciones, manifestaciones artísticas, pensamientos. Tenemos diversas culturas indígenas: purépechas, mayas, zapotecas, tarahumaras, etc. Tenemos todos los climas, ecosistemas, costas, paisajes, productos naturales. En fin, ¡hay tanto de dónde escoger!
La cultura, como la define W. D. Wallis, es “el conjunto de objetos materiales, instituciones, modos de vida y pensamientos que no son peculiares de un individuo, sino que caracterizan a un grupo social… La cultura es la vida de un pueblo como se formaliza en contactos, en instituciones, en aparatos tecnológicos que son típicos; comprende, además, conceptos, comportamientos, costumbres y tradiciones características… Por tanto, la cultura significa todas aquellas cosas, instituciones, objetos materiales, reacciones típicas a las situaciones, que caracterizan a un pueblo y lo distinguen de otro”.
Algunos autores dicen que la cultura es la forma espiritual de una sociedad.
En el texto conciliar de la Constitución “Gaudium et Spes” leemos:
"Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales... hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones finalmente, a través del tiempo, expresa, comunica y conserva en sus obras, grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano".
Una parte muy importante de la cultura, son las tradiciones, los ritos, los festejos, pues son los ámbitos en que se da la convivencia de la comunidad, en los que se comparte esta forma de ser y se da continuidad y sentido de pertenencia.
Es en las festividades como la Navidad y el Año Nuevo, que estas tradiciones despiertan, se renuevan y cumplen su función de ser ámbitos de encuentro, en que las personas de una familia o una comunidad dada, conviven, cooperan, se relacionan, festejan, se conocen, comparten y desarrollan este sentido de pertenencia y de herencia cultural.
Está de más decir que las mujeres tenemos un papel primordial en estos temas, ¿o no? Si no, ¿quiénes mantienen la vida espiritual de la familia y la comunidad?, ¿quiénes organizan las festividades?, las mujeres por lo general son las que planean, consiguen los recursos, se reparten el trabajo, cocinan, invitan, decoran, y dan brillo a las fiestas.
Todas tenemos recuerdos maravillosos de las fiestas navideñas cuando éramos niñas…
Las posadas de verdad, cuando hacíamos la procesión, pedíamos posada cantando con nuestras velitas en la mano, con los peregrinos por delante, y leíamos la letanía…
Luego partíamos la piñata, llena de dulces, colación, fruta, y continuábamos con un ponche, buñuelos, atole, todo adornado con farolas y papel picado…
Las pastorelas que nos representaban el nacimiento del niño Dios, las travesuras de los diablos, en donde muchas veces nos tocaba representar un papel del que nos sentíamos orgullosas…
Los villancicos con los que “arrullábamos” al niño Jesús…
¡Qué lástima que todo esto se esté perdiendo!, que nuestros niños y jóvenes ya casi no vivan estas tradiciones. Ahora las posadas se han convertido en cualquier fiesta con música estridente, baile, y bebida y comida chatarra, y en donde el componente religioso del nacimiento de Dios, no aparece por ningún lado.
Las invito a no dejar perder toda esta riqueza que todavía tenemos. Depende de nosotras que en nuestra comunidad, en nuestro país, sigamos con nuestras fiestas tradicionales, nuestra comida tradicional de diferentes épocas del año y festividades: chiles en nogada, romeritos, pavo, ponche, pan de muerto, rosca de reyes, buñuelos, etc.
Todo esto nos arraiga, nos identifica con nuestra cultura y la fortalece, nos da sentido de pertenencia, nos une y nos ayuda a crecer en valores como la religiosidad, el patriotismo, la solidaridad, la generosidad, la cooperación y ayuda mutua, la capacidad de organización, y sobre todo el compartir y convivir.
Una persona que no tiene raíces, o que no pertenece a una comunidad de algún tipo, no se desarrolla de manera integral, le falta lo más importante, que es el encuentro con los demás. La persona es un ser de encuentro, de interrelación, es un ser social por naturaleza, y es en este compartir con los demás que va encontrando su lugar y creando las redes sociales y culturales que le permitirán desarrollar plenamente su humanidad.
Así que, como vemos, no es poca cosa lo que tenemos entre manos. Como mujeres tenemos el deber de rescatar todo esto, para bien de nuestras familias, comunidades y de nuestro México…